Poesía última de Vicente Huidobro

El lunes, 19 de octubre, a las 20h. recibimos al escritor, crítico literario, periodista y diplomático chileno Jorge Edwards, y al hispanista italiano y responsable de la presente edición Gabriele Morelli, para la presentación de Poesía última [Poesía reunida, 1941-1948], la antología recién publicada por la Editorial Renacimiento del poeta chileno Vicente Huidobro.


El libro reúne las dos últimas entregas poéticas de Vicente Huidobro, El ciudadano del olvido y Últimos poemas, esta fruto del interés y del amor de Manuela por su padre y en la cual hemos añadido el poema olvidado «Hermanos». Un conjunto de textos que no anula la experimentación creacionista, sino que la limita a elementos residuales, mostrando una actitud más meditativa, más íntima y plegada hacia dentro: su lenguaje sigue siendo de gran envergadura plástica, pero su fluencia verbal se llena de sustancia y peso humano. Limpio y renovado, el yo «viajero sin fin» contempla la muerte que le espera. El ciudadano del olvido interpreta una honda inquietud espiritual, en cambio Últimos poemas insiste en el proceso de humanización que no borra el signo de la inteligencia. El poeta se pregunta, pide comprensión: su lenguaje ha sustituido la travesura y la mofa para dialogar con los seres fraternales del mundo. El poema final se abre y cierra con la imagen anafórica de la muerte. La lápida de la tumba de Huidobro indica que al fondo se ve el mar: el secreto de sus aguas guarda la palabra del escritor que mejor supo traducir las aspiraciones innovadoras de la poesía del siglo XX.


Vicente Huidobro (Vicente García-Huidobro Fernández, heredero del marquesado de Casa Real) nació el 10 de enero de 1893 en Santiago de Chile en una mansión situada en el paseo principal de esta ciudad. Su familia estaba integrada al ambiente político y financiero de la época. Era propietaria -entre muchos otros bienes- de la conocida Viña Santa Rita, donde su abuelo materno, profundamente católico, había implementado un sistema cooperativo de asistencia social, novedoso por esos años. Vicente Huidobro se educó en el exclusivo Colegio de San Ignacio, regentado por los padres jesuitas, que luego fueron blanco de su crítica. Desde muy temprano, su madre -que escribía con el pseudónimo de Monna Lisa- le incentivó su inclinación por las letras. Ella misma mantenía una tertulia literaria en sus habitaciones del enorme palacio que "en sus distintas dependencias, entre personas de la familia, criados y criadas, contando a un enano o tonto doméstico muy célebre, alojaba, según cálculos prudentes, unas sesenta almas". Estaba suscrita a revistas culturales francesas que le permitieron al joven poeta informarse detalladamente de la escena parisina y europea.

Santiago de comienzos de siglo es una ciudad de alrededor de 400.000 habitantes en que coexiste, choca, pero también se complementa una modernización parcial, en gran parte una modernización de las apariencias -edificios públicos en el centro, aunque también estaciones de ferrocarril, mansiones representativas, vestidos a la moda, carruajes, primeros automóviles, normas sociales- con la compleja herencia de una sociedad de usos y costumbres fuertemente arraigados en las rancias tradiciones hispano-cristianas.
Vicente Huidobro inicia su formación literaria en un ambiente cultural aún marcado por la presencia crepuscular del modernismo, consolidado en América Latina por Rubén Dario (1867-1916). Su primer libro, Ecos del Alma (1911) asume convencionalmente la poética modernista y delata fuertes influencias que incluso retroceden hasta el romanticismo de Bécquer y el desengaño romántico de Heine. El libro está dedicado a Manuela Portales Bello, con quien se casará en 1912.


Los libros siguientes Canciones en la noche y La gruta del silencio –publicados apenas 2 años después- introducen algunos cambios: no sólo hay parodias sarcásticas de tópicos del modernismo, sino que incorpora formas novedosas como el caligrama, que reproduce visualmente aquello de que se habla, por ejemplo, una capilla de aldea. Pasando y pasando –libro de críticas y crónicas que la familia horrorizada recoge y quema debido a sus fuertes ataques a los jesuitas, salvándose escasos ejemplares- muestra ya plenamente la incomodidad de Huidobro en relación a los modelos poéticos heredados y también su incontenible rebeldía contra la sociedad establecida: "Dejemos de una vez por todas lo viejo... En literatura me gusta todo lo que es innovación. Todo lo que es original. Odio la rutina , el cliché y lo retórico... Odio los fósiles literarios. Odio todos los ruidos de las cadenas que atan. Odio a los que todavía sueñan con lo antiguo y piensan que nada puede ser superior a lo pasado... Amo todos los ruidos de las cadenas que se rompen... Admiro a los que perciben las relaciones más lejanas de las cosas...".
En el mismo año (1914), en su conferencia "Non Serviam" -leída en el Ateneo de Santiago- Huidobro avanza teóricamente hasta el borde mismo de la nueva poesía, es decir, hasta los comienzos del vanguardismo: proclama la necesidad de una poesía que no siga siendo imitación de la naturaleza, imagen mimética, sino creación de mundos propios, independientes del mundo real.

En 1916 Huidobro y su familia -y como la leyenda dice, con una vaca a bordo para tener leche fresca para los niños- viajan a Europa. Su meta es, por supuesto, París, capital de la vanguardia internacional.

De paso por Buenos Aires, edita El espejo de agua (1916), plaquette que contiene su célebre "Arte poética" y una serie de poemas que testimonian que ya está bastante adelantado en su camino a la vanguardia. Como se sabe, la autenticidad de la fecha de esta edición ha sido puesta en duda, pero, a casi ochenta años de la polémica, no hay que angustiarse tanto. La segunda edición -posterior a sus primeros poemas vanguardistas de París- apareció en Madrid, en 1918. De todos modos, es el primer vanguardista en lengua española. Y uno de los primeros en cualquier idioma.

Texto de Federico Schopf extraído de http://www.vicentehuidobro.uchile.cl/index.html