Vacaciones en Polonia, en recuerdo de Witold Gombrowicz


El jueves 26 de junio, desde las 20 horas, os proponemos una nueva velada dedicada a la cultura y literatura polacas, con la celebración de un acto en recuerdo del escritor y dramaturgo polaco Witold Gombrowicz. El acto será conducido por un redactor de la revista literaria Vacaciones en Polonia.


Witold Gombrowicz (Maloszyce, Polonia, 1904 - Vence, Francia, 1969) nació en el seno de una familia acomodada perteneciente a la nobleza polaca. Estudió Derecho en la Universidad de Varsovia, desde 1926 hasta 1932. Durante sus estudios se ve envuelto en la vida cultural de Varsovia, frecuentando los cafés Zodiak y Ziemiańska junto a otros jóvenes escritores e intelectuales. En 1933, Gombrowicz publica algunas historias cortas reunidas bajo el título de Memorias del período de la inmadurez obteniendo pobres críticas. Su primer éxito llega con la novela Ferdydurke, que ganó notoriedad a raíz de la virulenta crítica dirigida a la parte nacionalista de la sociedad de Varsovia.

Algunos días antes del estallido de la II Guerra Mundial, viaja invitado con una embajada de escritores polacos a la Argentina. Durante el viaje, Alemania invade repentinamente Polonia y ante los acontecimientos que se producían en Europa, Gombrowicz decide permanecer en Buenos Aires, donde vivirá al comienzo en condiciones de extrema pobreza. Por mediación de varios conocidos de su misma nacionalidad, acaba por obtener un trabajo en la sucursal argentina del Banco Polaco (es en las horas muertas en este puesto de trabajo donde, ocultándose de su jefe y compañeros, escribirá Transatlántico, como él mismo explica en el prólogo a la novela).

Hasta mediados de los años 60, Gombrowicz permanece en la Argentina, desempeñando diferentes ocupaciones (periodista, traductor, profesor de filosofía...) y congregando en torno suyo a un círculo de fieles. La traducción colectiva de Ferdydurke al castellano que realizó con sus camaradas del café Rex culminó en un lenguaje complejo, infantil y vanguardista al mismo tiempo: la publicó Editorial Argos en 1947, con prólogo del autor. La obra mereció los elogios de Ernesto Sabato, quien prologó la re-edición argentina del libro para Editorial Sudamericana en 1964, sello que publicó Diario Argentino en 1967. Sus novelas y obras de teatro fueron censuradas en la Polonia comunista hasta finales de los años 70; sin embargo, fueron publicadas en polaco por su amigo Giedroyc, quien en 1950 había creado en París una editorial polaca llamada Kultura. Ya que muchos de los libros publicados por Kultura fueron objeto de contrabando dentro de Polonia, las obras de Gombrowicz llegaron a ser bien conocidas allí.

A finales de los años 50, la novela semi-autobiográfica Transatlántico fue representada en París y recibida con interés por los críticos teatrales franceses, otorgando a Gombrowicz cierta dosis de fama. Durante esta época se comenzarán a publicar también sus extensos Diarios, en los que ofrece sus reflexiones sobre Argentina y apunta de forma más o menos velada su homosexualidad. En 1963 recibe una invitación de la Fundación Ford que le ofrece una estancia en Berlín, y en 1964 se establece en Royaumont, cerca de París, donde emplea a Rita Labrosse, una canadiense procedente de Montreal, como secretaria personal (con la que unos años más tarde contrae matrimonio). Unos meses después, se instala en Vence, cerca de Niza, donde transcurre la última etapa de su vida. Muere en 1969.

A pesar de su corta obra, Gombrowicz es uno de los escritores vanguardistas más importantes del siglo XX y ha sido comparado con Joyce y Kafka. Corrosivo y tragicómico, siempre fue crítico con toda forma de identidad colectiva, que veía como una imposición injusta - aunque inevitable - sobre el individuo y su libertad. Así, la identidad nacional resultó uno de sus principales enemigos y atacó satíricamente las tradiciones polacas, la historia del país y su literatura. Sin embargo, es este mismo conflicto con sus orígenes lo que constituye el punto de inicio de sus historias, que a la vez que ineludiblemente modernas permanecen así enraizadas en la tradición y la historia polacas.