Madurar hacia la infancia, de Bruno Schulz

El jueves 22 de mayo, a las 20 horas, celebramos otra velada en torno a la cultura polaca, en colaboración con el Instituto Polaco de Cultura, con la presentación del libro de Bruno Schulz Madurar hacia la infancia, editado por Siruela. El acto será conducido por la traductora de Schulz al español Elzbieta Bortkiewicz



Madurar hacia la infancia contiene todos los relatos de uno de los mayores escritores del siglo XX publicados por primera vez con las ilustraciones originales del autor: El libro idólatra, un cuento sorprendente con imágenes, y los escritos teóricos y críticos, algunos de ellos encontrados recientemente. 

La fuente de la fantasía visionaria de Schulz es la atestada y desordenada tienda de telas de su padre: un viejecito-demiurgo que trastoca de manera imprevisible todas las reglas de la física y de la razón. Jacob trepa como una arañita por los estantes, persiguiendo a las arañas; elabora caprichosas cosmogonías interpretando a su manera los signos celestes; se rodea de extrañas y variopintas especies de volátiles, convirtiéndose a su vez en una especie de feroz cóndor; se transforma en bombero con su uniforme rojo llameante y alamares de oro. Metamorfosis, disfraces, viajes en el espacio y en el tiempo se superponen con el auxilio de una lengua poética rebosante de metáforas. Escéptico acerca de las posibilidades del conocimiento humano, Schulz había dado libre curso a la fantasía y a la “mitificación” de la realidad. En su infinita variedad de aspectos, la obra de Schulz tiene unidad a su manera. Los relatos, junto con los dibujos, constituyen un Libro: una especie de Biblia de la infancia perdida, de aquel periodo en el que, gracias al padre, todo parecía –y eraposible”. 

Francesco M. Cantaluccio


Bruno Schulz (Drohobycz, actualmente Ucrania, 1892-1942) fue un escritor, artista gráfico, pintor, dibujante y crítico literario polaco de origen judío, reconocido como uno de los mayores estilistas de la prosa polaca del siglo XX

Estudió arquitectura en la Universidad de Lwow y Bellas Artes en Viena. Schulz entra pronto en contacto con el grupo "Kalleia" (Las cosas bellas), formado por jóvenes apasionados del arte, procedentes de la intelligentsia judía de Drohobycz. En los años posteriores su formación es autodidacta; lee y pinta mucho.

Entre los años 1926 y 1931 participa en diversas exposiciones de dibujos, grabados y pinturas al óleo. Viaja a Varsovia, y por mediación de sus amigos conoce a Zofia Nałkowska, que tras leer sus escritos se convierte en gran protectora de su obra. En diciembre publica su primer relato titulado Los pájaros en «Wiadomości Literackie»; al mismo tiempo la editorial «Rój» publica Las tiendas de canela fina y también le publican en revistas literarias sus relatos El segundo otoñoLa noche de Julio y La época genial.

En 1935 muere en Lwów Izydor Schulz, hermano mayor de Bruno. Desde entonces, Bruno tiene que hacerse cargo de toda la familia. En el verano de 1938 Schulz viaja a París vía Italia (para evitar atravesar el territorio del Tercer Reich), llevando consigo cerca de 100 dibujos que no llega a exponer, pues no encuentra a nadie que pueda ayudarle a dar a conocer su obra. En otoño se le concede el premio «Złoty Wawrzyn Polskiej Akademii Literatury» (Laurel de Oro de la Academia Polaca de Literatura). Schulz sufre de depresión psíquica a causa de sus problemas personales, de la situación política y el creciente antisemitismo, y también por el duro trabajo en la escuela.

Con el estallido de la II Guerra Mundial, si ciudad natal es invadida por los alemanes y posteriormente por los soviéticos, quienes acaban permaneciendo. Schulz sigue enseñando en las mismas escuelas bajo mando ruso. Mientras tanto participa en una exposición de pintura en la Asociación de Artistas Plásticos de Lwów. Pero con la invasión aleman de la Unión Soviética, el ejército alemán ocupa por segunda vez Drohobycz. Las consecuencias se notan rápidamente: cierran las escuelas y Schulz pierde el trabajo, y además comienzan las represalias contra los judíos. Todos los judíos de 16 a 65 años de edad son obligados a trabajar para los alemanes, y la promulgación de leyes draconianas introducen el trabajo forzado y dejan a los judíos fuera de la sociedad. Comienza la exterminación de los judíos y expoliación de sus bienes.

Schulz sobrevive bajo la “protección” del oficial de la SS Feliks Landau, quien se aprovecha de sus cualidades de pintor. Le ordena pintar murales en las paredes de la habitación de su hijo pequeño y en el casino de la Gestapo. Acto seguido trasladan a los judíos al gueto, con lo que Schulz y sus famlilares son desplazados a una casa en ruinas de la calle Stolarska 18. Empieza a guardar sus manuscritos y dibujos en varias cajas y se las entrega a sus amigos de fuera del gueto. Pronto cae enfermo, está desnutrido y sufre una profunda depresión, e intenta recuperarse en un ambulatorio judío. 

El 19 de noviembre de 1942 Schulz intenta escapar de Drohobycz con papeles falsos y la ayuda económica de sus amigos. Hacía las 11 de la mañana se dirige a la «Judenrat» para recoger su ración de alimentos y coincide con una acción salvaje de la Gestapo contra los judíos. Muere asesinado de un disparo, ejecutado por Karl Günter, miembro de la Gestapo y antagonista de Landau.