La Noche de los Teatros

El jueves, 27 de marzo de 2014, se celebra una nueva edición de La Noche de los Teatros aprovechando que es el Día Mundial del Teatro. Desde La Fugitiva queremos unirnos a tan artístico festejo, para lo cual el Laboratorio de Investigación Actoral ha organizado en nuestra librería un encuentro con el dramaturgo Antonio Rojano, en el que se charlará sobre teatro, literatura y su obra Katiuskas. El acto será a las 19 horas.


En el encuentro participarán Paco Montes, coordinador del Laboratorio de Investigación Actoral y director de escena, Natalia Erice, actriz y periodista y que hará de moderadora, y Eduardo Pérez-Rasilla, Doctor en Filosofía Hispánica y profesor titular de la Universidad Carlos III de Madrid en el área de Literatura. Ha sido profesor de la Real Escuela Superior de Arte Dramático. Es crítico teatral. Ha publicado estudios de dramaturgos españoles contemporáneos. 

Además, los participantes del Laboratorio de Investigación Actoral realizarán una lectura dramatizada de escenas de la obra Katiuskas.


Antonio Rojano nació en Córdoba en 1982. De formación autodidacta, comienza a escribir teatro mientras desarrolla sus estudios de Periodismo en la Universidad de Sevilla. Con apenas 22 años, tras una beca de creación en la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores, de la que formó parte en su segunda promoción (2003-2004), escribe Sueños de arena, texto posteriormente galardonado con el Premio Nacional de Teatro Calderón de la Barca 2005 que otorga el Ministerio de Cultura.

Es autor de una decena de obras, entre las que destacan: La decadencia en VarsoviaEl cementerio de neónFair Play Katiuskas, textos por los que ha recibido diversos reconocimientos como el Premio Marqués de Bradomín, el Premio Romero Esteo o el Premio Caja España de Teatro Breve. Su obra Nací en el Norte para morir en el Sur fue traducida al inglés y leída en el Royal Court Theatre de Londres durante el verano de 2010, donde participó como dramaturgo residente becado en la 23ª Residencia Internacional. Además, ha sido invitado a participar en diversos festivales internacionales como Interplay Europe 06 (Festival de Dramaturgia Joven Europea), Festival Eutopía de Creación Joven o el encuentroVoices from Spain, intercambio con dramaturgos emergentes ingleses y españoles organizado por el Royal Court Theatre. En julio de 2012 asistió como representante español al Obrador d’estiú, participando en el taller internacional de dramaturgia de la Sala Beckett de Barcelona.


¿Y si la muerte no fuera otra cosa que ruido?

Ruido de fondo, DON DELILLO

Apocalipsis. O una nube tóxica. Eso es todo y no hace falta más: con un cúmulo que cubra el cielo de veneno será suficiente. Luz tenue. Luego, siempre viene la lluvia ácida. La naturaleza muerta y los cuerpos.

En Katiuskas no se anticipa un futuro improbable. Las potencias no han dejado de existir ni el planeta es un lugar destruido. Los supervivientes no deambulan sobre una pesadilla de cenizas, despiertos, comiéndose los unos a los otros. No es el final del camino. Sólo es una parada más. Más cercana y más real. Más probable, si lo queremos llamar así. Algunos dirán que hablamos de ciencia White Noise Penguin Classics edition coverficción… y está claro que no es un tema nuevo: infinidad de cómics, numerosos films paranoides de la Guerra Fría y unas cuantas novelas (propias de clásicos contemporáneos de la escritura como Stephen King, Cormac McCarthy o, el inextinguible, J. G. Ballard) han explorado la cuestión del nuevo robinsón que intenta sobrevivir al naufragio del planeta. A pesar de tantas otras criaturas de ficción, Katiuskas surgió de una lectura: Ruido de fondo de Don DeLillo. Allí el paisaje no es definitivo, es una tragedia temporal. Una nube tóxica ataca una pequeña comunidad americana. La familia se mantiene unida ante la catástrofe. Pero el miedo a la muerte y la paranoia, por más que se traten de esconder, serán los monstruos eternos de su aventura.


En Katiuskas hace tiempo que la catástrofe ocurrió. Como en Fukushima. La región vuelve a la normalidad (o no, nunca volverá, y si no lo creéis podéis pasear como muertos vivientes por sus calles a través del Street View publicado por un blog de The New York Times). Pero a pesar de volver al punto de partida, no hay retorno a él. El miedo permanece. Edipo en Chernobyl también se quedaría ciego. El miedo hace reflexionar al hombre, lo hace aún más solitario. Según el controvertido filósofo Slavoj Zizek en su artículo El orden social es siempre frágil, sorprende que la sociedad, como nexo de unión entre los individuos, desaparezca frente a la catástrofe:

Habría mucho que decir sobre el miedo que se infiltra 
en nuestras vidas a causa de un accidente natural 
o tecnológico (corte de electricidad, terremoto…), 
el miedo de ver desintegrarse nuestro tejido social.
Este sentimiento de fragilidad de nuestro vínculo social es,
en sí mismo, un síntoma: en el preciso lugar donde uno 
esperaría un impulso de solidaridad frente a una 
catástrofe semejante, lo que estalla es el egoísmo más despiadado.

Y este pasado 2012, aprovechando el mito y la catástrofe, parecía el momento ideal para investigar ese miedo. Con ayuda del humor. Con ayuda de una trama amorosa que demuestra nuestras altas y patéticas pasiones. Y, sobre todo, usando el mínimo común múltiplo de una muestra social: la familia que retorna a casa tras el fogonazo inesperado de claridad.